Obreros de la construcción trabajan sin seguridad ni contratos en obras turísticas en Cancún
Trabajadores de la construcción en Cancún enfrentan severa precariedad

Trabajadores de la construcción en Cancún enfrentan severa precariedad

En las principales zonas turísticas de México, como Cancún, la modernización avanza a un ritmo acelerado, pero no ocurre lo mismo con los derechos laborales. La industria de la construcción, que sostiene gran parte del desarrollo inmobiliario de la región, opera con amplias zonas grises que afectan directamente a miles de trabajadores. Muchos de ellos carecen de contratos formales, seguridad social o garantías mínimas para realizar sus labores en condiciones dignas.

El panorama que enfrentan los obreros en Cancún es alarmante. De acuerdo con testimonios recientes, numerosos trabajadores han denunciado jornadas extensas sin pago justo, además de operar sin las medidas básicas de seguridad. A esto se suma la presión de cumplir con plazos de entrega impuestos por grandes desarrolladoras, sin que existan mecanismos de supervisión laboral efectivos ni inspecciones que protejan al personal en obra.

Falta de derechos laborales en la construcción

La informalidad sigue siendo el eje de la precariedad. En Quintana Roo, el Instituto Mexicano del Seguro Social ha confirmado que una proporción significativa de los trabajadores de la construcción no está registrada, lo cual los deja desprotegidos en caso de accidente, enfermedad o despido. Además, la ausencia de contratos limita cualquier reclamo legal, incluso cuando se presentan violaciones a derechos humanos básicos.

A pesar de estos hechos, los esfuerzos institucionales no han sido suficientes. La inspección laboral en el estado se ha visto rebasada ante el crecimiento vertiginoso de nuevas obras. Por otro lado, la representación sindical en el sector continúa fragmentada, lo que dificulta establecer negociaciones colectivas con desarrolladoras y autoridades locales.

Organismos locales alertaron sobre el aumento de accidentes laborales en obras no supervisadas, lo que agrava la crisis humanitaria en este rubro. A pesar de ello, los proyectos de alto impacto continúan sin pausa, reforzando un modelo de crecimiento que ignora las condiciones mínimas para quienes lo hacen posible.

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