El costo de vida en Guadalajara se convierte en un desafío creciente para miles de hogares. El aumento sostenido en los precios de la vivienda supera el ritmo de los salarios y obliga a muchas familias a replantear dónde y cómo vivir.
Quienes buscan habitar cerca del centro acceden a servicios y empleo, pero enfrentan precios elevados. En cambio, la periferia ofrece opciones más económicas, aunque implica traslados prolongados y mayores gastos de transporte.
Costo de vida y vivienda superan a los salarios
En abril de 2020, una vivienda en Zapopan costaba en promedio 4.7 millones de pesos. Para 2024, el precio alcanzó 6.4 millones, un incremento cercano al 36%. En Tonalá, el valor pasó de 924 mil a 1.38 millones, con un alza aproximada de 49%.
Durante el mismo periodo, el salario promedio formal subió de 5,980 a 7,030 pesos mensuales. El ingreso informal pasó de 4,180 a 5,630 pesos. Sin embargo, el encarecimiento inmobiliario avanza con mayor velocidad.
Una hipoteca en Zapopan por una vivienda valuada en 6.4 millones puede generar mensualidades cercanas a 33,850 pesos a 30 años. Esa cifra rebasa el ingreso promedio de la mayoría de los trabajadores.
Movilidad, endeudamiento y calidad de vida en Guadalajara
En Tonalá, una casa de 1.38 millones podría implicar pagos mensuales aproximados de 7,260 pesos. Aunque resulta más accesible, muchas personas destinan una proporción elevada de su ingreso al financiamiento.
Quien percibe menos de 12,000 pesos al mes podría comprometer más del 60% de su salario en una hipoteca. Esa presión reduce el margen para cubrir alimentación, transporte y salud.
Especialistas coinciden en que mejorar el transporte público y promover vivienda accesible cerca de zonas laborales podría aliviar parte del impacto del costo de vida en Guadalajara.
El diferencial entre el crecimiento inmobiliario y salarial refleja una brecha estructural que incide directamente en la movilidad social y en la estabilidad financiera de los hogares tapatíos.