La escalada de protestas laborales en Irán ha provocado una respuesta represiva que encendió alertas en el movimiento sindical global. La Confederación Sindical Internacional condenó lo que calificó como una brutal represión contra trabajadores y dirigentes sindicales en el país.
La organización señaló que el deterioro económico, marcado por inflación elevada, pérdida del poder adquisitivo y desempleo creciente, ha impulsado huelgas y movilizaciones en sectores como educación, energía, manufactura y servicios públicos. Sin embargo, las autoridades iraníes respondieron con detenciones, uso de fuerza y procesos judiciales contra activistas laborales.
Además, la CSI sostuvo que las acciones estatales tratan las demandas sociales como amenazas a la seguridad nacional. Esta práctica, advirtió, limita libertades fundamentales y restringe el ejercicio del sindicalismo independiente.
Represión sindical en Irán y violaciones a convenios internacionales
La CSI recordó que Irán está obligado a respetar principios básicos de la Organización Internacional del Trabajo. Entre ellos destacan la libertad de asociación y el derecho a la negociación colectiva, pilares reconocidos en convenios internacionales.
Asimismo, la organización denunció arrestos arbitrarios, intimidación y vigilancia contra dirigentes obreros. En consecuencia, exigió la liberación inmediata de sindicalistas detenidos y el fin de la criminalización de la protesta laboral.
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Crisis económica y respuesta del movimiento sindical global
El secretario general de la CSI, Luc Triangle, afirmó que la represión sistemática contra trabajadores constituye una grave violación de derechos humanos. También instó a organismos internacionales y a la comunidad global a reforzar la supervisión y presión diplomática.
Del mismo modo, el movimiento sindical internacional planteó la necesidad de abrir un diálogo social genuino. La meta es construir un nuevo contrato social que garantice estabilidad económica y respeto a los derechos laborales.
Irán enfrenta una inflación que supera el 40 por ciento en estimaciones recientes, un factor que ha intensificado el malestar social y laboral en distintos sectores productivos.