Un país como España enfrenta con preocupación un fenómeno que exige acción urgente. En lo que va de año, al menos 103 trabajadores han perdido la vida en obras entre enero y julio, un incremento del 26 % frente al mismo lapso del año anterior. Estos fallecimientos constituyen una advertencia dolorosa para órganos públicos, empresas y sindicatos.
El sector de la construcción absorbe una parte desproporcionada de la siniestralidad laboral. De las 351 muertes laborales en jornada registradas en ese periodo, 31 % ocurrieron en obras, pese a que el sector ocupa solo el 7 % de los afiliados a la Seguridad Social. Las cifras muestran además que el crecimiento de las muertes supera ampliamente el aumento de la ocupación en la construcción, que se mantuvo en apenas 3,1 %.
Exceso de carga y plazos imposibles aumentan los riesgos
Los sindicatos alertan que acelerar ritmos de trabajo en detrimento de seguridad es una de las causas clave. Pilar Ituero, de UGT FICA, advierte que con más presión productiva, más víctimas. Daniel Barragán, de CCOO del Hábitat, sostiene que exigir plazos más cortos sin reforzar prevención equivale a condenar vidas.
Las condiciones de obra multiplican factores de riesgo: subcontratación, rotación frecuente de plantilla, escenarios variables y falta de recursos técnicos. El ingeniero Trillo señala cómo esa imprevisibilidad dificulta aplicar medidas rigurosas en cada fase de la obra.
Muertes en construcción afectan a empresas grandes y pequeñas
El sector de la construcción concentra muertes independientemente del tamaño de la empresa. Las pequeñas compañías, con menos formación y sin cultura preventiva, suelen reincidir en incumplimientos.
El Ministerio de Trabajo ya registraba en 2024 un índice de incidencia de accidentes mortales de 12,76 para el sector, una cifra que apenas había mejorado frente a años recientes.
