Un conflicto laboral marcó el rumbo de la refresquera mexicana Pascual Boing. En 1982, tras años de precariedad y represión sindical, trabajadores de la empresa estallaron una huelga para exigir mejores condiciones laborales. La respuesta patronal fue el cierre total. Dos años más tarde, en 1984, la muerte de dos empleados durante una manifestación obligó al Estado mexicano a intervenir. La solución fue inusual: la cooperativización de la compañía.
Del cierre patronal al control obrero
Desde entonces, Pascual Boing opera bajo el control directo de sus trabajadores, quienes integran la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual. Este modelo, lejos de ser una excepción fallida, ha demostrado que las estructuras democráticas en la gestión empresarial son viables incluso en sectores tan competitivos como el de bebidas.
Además de producir y comercializar sus icónicos jugos y refrescos, la cooperativa ha sostenido políticas de bienestar social internas, como becas, vivienda y atención médica. También ha priorizado prácticas responsables como el uso de frutas mexicanas, la eliminación de intermediarios y el fomento de procesos sustentables.
El caso Pascual Boing pone sobre la mesa la importancia del sindicalismo y la organización laboral como respuesta a entornos adversos. La transformación no solo salvó empleos, sino que creó un precedente sobre cómo los trabajadores pueden rescatar, operar y hacer crecer una empresa.
