La aparente contradicción entre promesas de crecimiento y despidos masivos volvió a encender alertas en el sector laboral mexicano. Apenas días después de anunciar una inversión de mil millones de dólares para ampliar su operación en el país durante el periodo 2026-2027, General Motors de México (GMM) despidió a 1,900 empleados de su planta en Ramos Arizpe, Coahuila.
La compañía atribuyó el recorte a la cancelación del segundo turno de producción, derivada de la caída en la demanda de vehículos eléctricos en el mercado estadounidense. Este ajuste forma parte de una reconfiguración operativa que busca mantener la competitividad de la empresa frente a un entorno volátil.
General Motors enfrenta contradicciones laborales en plena expansión
Aunque la automotriz confirmó que las personas afectadas recibirán su liquidación conforme a la Ley Federal del Trabajo, el contraste entre el anuncio de inversión y el recorte masivo plantea cuestionamientos sobre la estabilidad de los empleos en la transición industrial. La planta en Ramos Arizpe es una de las más importantes para GMM, y ha sido pieza clave en sus estrategias de electrificación.
En su comunicado oficial, la empresa agradeció la labor de los trabajadores cesados y sostuvo que la inversión anunciada apunta a fortalecer la producción destinada al mercado doméstico. Sin embargo, no se especificaron garantías laborales concretas para quienes permanecen en la planta.
El caso deja ver los desafíos de balancear la innovación industrial con la estabilidad laboral, especialmente cuando el futuro de la movilidad eléctrica aún depende de factores externos como el consumo estadounidense.
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