El reloj del campo japonés está cambiando. Agricultores de Japón trasladan parte de sus jornadas a la madrugada y la noche para reducir la exposición al calor extremo, que complica el trabajo en cultivos, invernaderos y granjas.
En Nikko, prefectura de Tochigi, Motoaki Iijima cosecha gerberas durante la noche dentro de un invernadero iluminado. Cuando el exterior supera los 35 grados Celsius, el interior puede rebasar los 40 grados, elevando considerablemente el riesgo para los trabajadores.
Calor extremo transforma las jornadas agrícolas
La adaptación no se limita al cultivo de flores. Productores de espárragos y granjas avícolas también modifican horarios para proteger a trabajadores y animales. Cerca del 60 por ciento de agricultores consultados ha desplazado sus jornadas hacia horas más tempranas o tardías.
Además, algunas explotaciones comienzan actividades antes del amanecer. La estrategia permite realizar las tareas más exigentes antes de que las temperaturas alcancen niveles peligrosos.
La Asociación Meteorológica de Japón también recomienda priorizar labores agrícolas durante las primeras horas o al atardecer. Sus mediciones encontraron índices de calor WBGT de hasta 35.7 grados en explotaciones analizadas.
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Agricultura japonesa busca adaptarse
Por otro lado, los productores incorporan ventilación, ropa con ventiladores y dispositivos capaces de advertir sobre riesgos asociados al calor. Estas soluciones muestran cómo la tecnología comienza a integrarse con cambios básicos en los horarios laborales.
El desafío alcanza también a la economía. Durante 2024, la exposición al calor provocó la pérdida estimada de 926 millones de horas laborales en el sector agrícola japonés.
La situación forma parte de un problema internacional. La FAO y la Organización Meteorológica Mundial advirtieron en abril de 2026 que el calor extremo amenaza la salud, productividad y medios de subsistencia de más de mil millones de personas.