Los 30 años de la tragedia aérea que obligó a Brasil a cambiar su legislación
El accidente del vuelo 402 de la antigua aerolínea TAM cumple tres décadas como una de las tragedias que transformaron la aviación brasileña. La aeronave se desplomó el 31 de octubre de 1996, apenas 24 segundos después de despegar del aeropuerto de Congonhas, en São Paulo.
Las 96 personas que viajaban a bordo, entre pasajeros y tripulantes, perdieron la vida. Otras tres fallecieron en tierra cuando el avión impactó contra edificios y viviendas ubicadas aproximadamente a dos kilómetros de la terminal aérea.
Además del dolor causado por el accidente, las familias denunciaron que no recibieron el acompañamiento necesario por parte de la empresa. En aquella época, las aerolíneas brasileñas no estaban obligadas a contar con protocolos específicos para atender a los familiares durante una emergencia.
La investigación determinó que el inversor de empuje de la turbina derecha se abrió durante el despegue. Este mecanismo está diseñado para ayudar a frenar una aeronave después de aterrizar, por lo que su activación comprometió la estabilidad del avión cuando necesitaba ganar velocidad y altura.
El informe final también estableció que los pilotos no habían recibido capacitación para enfrentar una falla de esas características, pues se consideraba extremadamente improbable. A pesar de los hallazgos, ninguna persona fue responsabilizada penalmente por lo ocurrido.
El accidente también dejó lecciones sobre la importancia de preparar a las tripulaciones para situaciones poco frecuentes. La seguridad laboral en la aviación depende de entrenamiento actualizado, protocolos claros y sistemas capaces de reducir los riesgos antes de una operación.
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Después de la tragedia, familiares de las víctimas crearon la Asociación Brasileña de Parientes y Amigos de Víctimas de Accidentes Aéreos. La organización exigió que el acompañamiento dejara de depender de la voluntad de cada compañía.
Su movilización contribuyó a establecer normas que obligan a las aerolíneas a brindar asistencia después de un accidente. El apoyo a las familias pasó de ser una acción voluntaria a formar parte de las responsabilidades de los operadores aéreos.
La experiencia demuestra que la organización colectiva puede convertir el dolor en derechos. Treinta años después, la memoria de pasajeros, tripulantes y personas afectadas recuerda que la seguridad, la información y el acompañamiento digno deben estar garantizados.
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