La posibilidad de reducir la jornada laboral vuelve a generar discusión en Argentina, donde todavía rige una legislación aprobada en 1929 que establece un máximo general de 48 horas semanales. Mientras otros países avanzan hacia esquemas más flexibles, especialistas advierten que la informalidad y los costos de contratación dificultan una reforma similar.
El debate cobró fuerza después de que el Senado de Brasil aprobara una propuesta para reemplazar el esquema de seis días de trabajo por uno de cinco, con dos jornadas de descanso y una reducción de 44 a 40 horas semanales sin recortes salariales.
La informalidad complica reducir la jornada laboral
Ricardo Panza, economista y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata, considera que Argentina todavía no reúne las condiciones necesarias para disminuir las horas de trabajo.
El especialista señaló que, pese a los distintos proyectos presentados en el Congreso, la legislación prácticamente no ha cambiado durante casi un siglo.
Uno de los principales obstáculos es la informalidad. Según sus estimaciones, el empleo registrado representa alrededor del 40% del mercado laboral, mientras numerosas empresas recurren a contrataciones no declaradas o registran menos horas de las que realmente trabajan sus empleados.
Panza también cuestionó los elevados costos laborales. Indicó que las cargas patronales pueden alcanzar entre 38% y 40%, frente al 17.5% que mencionó para Estados Unidos.
A su juicio, ampliar el empleo formal permitiría distribuir mejor las contribuciones y facilitar una eventual reducción horaria.
Brasil y Europa muestran modelos diferentes
El economista expresó dudas sobre la sostenibilidad de la propuesta brasileña y advirtió que podría afectar las cuentas públicas si la productividad no acompaña el cambio.
También destacó las diferencias económicas y demográficas entre ambos países, así como los distintos niveles salariales que, según sus estimaciones, caracterizan sus mercados laborales.
En el panorama internacional, Panza distinguió tres modelos: Europa occidental, que favorece jornadas más cortas y mayor bienestar; Estados Unidos, con una carga horaria generalmente superior; y diversas economías asiáticas, donde predominan horarios más extensos.
Para el especialista, reducir la jornada laboral requiere considerar la productividad, la formalización del empleo y la capacidad de las empresas para sostener los salarios.
Por ahora, Argentina mantiene las 48 horas semanales como referencia legal, mientras la reducción del tiempo de trabajo continúa fuera de las prioridades centrales de su reforma laboral.